lunes, 9 de enero de 2012

Reseña de Esencia y formas de lo trágico, de Karl Jaspers.

Reseña de Esencia y formas de lo trágico, de Karl Jaspers.
Por Jhon Monsalve

Karl Jaspers


JASPERS, Karl. Esencia y formas de lo trágico. Buenos Aires: Editorial Sur, S.R.L., 1960.

Esencia y formas de lo trágico es un libro del escritor y filósofo alemán Karl Jaspers que consta de una introducción y cuatro capítulos centrados en el saber trágico y en la poesía.

 En la introducción, habla de las intuiciones originarias que de cualquier forma quisieron transmitir la verdad. Estas intuiciones formaban un todo; luego, de ellas salieron el arte, la religión y la poesía. El escritor explica cada una de ellas y dice que la religión constituye el ámbito previamente determinado del filosofar; asegura que la religión da forma al alma, aunque esta última, a través del tiempo, se desprendió de la religión.


El primer capítulo nos muestra a una filosofía oculta en las intuiciones nombradas que se separaron del todo en el que estaban. Antes de explicar el clímax del capítulo (el saber trágico) deja claro que los fenómenos que lo componen están basados en la historia, es decir, algo ahistórico no posee saber trágico porque todo saber es universalmente temporal. En una parte de este capítulo, el autor presenta una reseña histórica donde nombra a los mejores escritores de epopeya y tragedia; antiguos y contemporáneos. Dice que  la tragedia griega se presenta en torno a los dioses y que Shakespeare, por ejemplo, presenta sus obras en torno a la plenitud del ser humano. Nos muestra también a Calderón y Racine como escritores de tragedias cristianas, donde aparecen limitados los problemas, la riqueza de las figuras y la grandiosidad. Habla del saber pretrágico que como ahistórico no es un saber completo… donde la universalidad también es incompleta. Y es entonces cuando Jaspers explica el saber trágico, que para que se presente es necesario que esté el sufrimiento y la destrucción trágica. Sin embargo, dice que en Homero lo trágico se presenta en el culto de los dioses y en el gozo de la contemplación (JASPERS, 1960: 24).

El autor asegura que la tragedia busca la catarsis del alma y que  el saber trágico se presenta en dos formas: en la epopeya y en la tragedia. El hombre reclama una liberación profunda, y la religión se la promete. Este filósofo dice que al cristiano se le escapa la sustancia del saber trágico (JASPERS, 1960: 32)… Nos insinúa que el héroe de la tragedia se nota, porque fracasa como fracasó Cristo. El saber trágico tiene como fin la redención, o sea, la liberación. Y culmina el capítulo dando un abrebocas  a lo que será el último capítulo del libro: afirma que una verdadera creación poética no puede ser interpretada con un  pensamiento exhaustivo porque aun así sería una creación superflua; “ninguna creación poética permite una visión interpretativa hasta su mismo fondo” (JASPERS, 1960: 35).

En el capítulo 2, este escritor alemán muestra los objetos trágicos en la poesía que abren paso a las relaciones entre héroes y dioses en la tragedia. Al complementar el primer capítulo, asegura que lo trágico es la grandeza del hombre en el fracaso. Explica que la atmósfera trágica se centra en el acontecer presente, en el sentimiento desde ya acostumbrado a la futura desgracia. Profundiza en este capítulo en el saber trágico y dice que en él hay luchas inevitables; en la poesía estas luchas se presentan entre hombres o el hombre lucha consigo mismo. Karl Jaspers divide las interpretaciones trágicas en dos: inmanente y trascendente. Y a la vez divide estas dos, cada una, en dos: Primero, en lo inmanente, encontramos la lucha del individuo y lo cósmico; que no es más que la lucha del hombre frente a las leyes universales… de una manera trágica cuando se acata a las normas o de una forma no trágica cuando es arbitrario el acatamiento. Segundo, también en lo inmanente, la lucha de los principios de la existencia ahistórica que es cierta lucha entre lo nuevo que defiende sus derechos y lo antiguo que también los defiende.

Tercero, en lo trascendente, la lucha entre el hombre y las potencias, o sea, la lucha entre el hombre y los demonios o los dioses. Cuarto, también en lo trascendente, la lucha entre dioses donde el hombre funciona como pelota, como escenario o como intérprete (JASPERS, 1960: 46). Otros de los objetos trágicos en la poesía son la derrota y el triunfo; Karla Jaspers dice que se puede triunfar en el fracaso con la misma idea que comentó en el capítulo 1. Explica la culpa en la poesía, y es aquí donde se puede deducir que no todo lo que la gente llamamos “tragedia” es tragedia… porque para que esta se dé es necesaria la punición de la culpa. En este capítulo, el autor considera que el hombre es culpable por el simple hecho de existir o culpable del mal en el mundo porque no se ha sacrificado para salvarlo; es algo así como una culpa colectiva. El escritor termina este capítulo con la interpretación de Edipo y Hamlet para demostrar que hay tragedias donde el héroe mismo pregunta por la verdad… “porque la unidad de la verdad es una condición fundamental del saber trágico” (JASPERS, 1960: 56).


La subjetividad de lo trágico es el título del tercer capítulo. El autor inicia esta parte del libro tratando de definir la redención como una necesidad del hombre después de estar abandonado en el mundo. Es interesante leer en este capítulo la insistencia de Jaspers en aquello que la gente llamamos “tragedia” y que para nada lo es; “(…) para que sea tragedia es necesario que el héroe sea instalado en el saber trágico y que el espectador sea conducido hasta este” (JASPERS, 1960: 82).


Este capítulo está centrado en el espectador que se identifica con el héroe de la tragedia que, al sentirse personalmente allí, en el lugar del héroe, se está convirtiendo en Hombre. El hombre después de identificarse con el héroe trágico ve la posibilidad de aguantar cualquier cosa… y hasta ve el júbilo del ser en la desgracia. Y es que según Aristóteles la contemplación de lo trágico es una catarsis. O sea, el espectador tiene todas las de ganar.

 En este capítulo, hace un paralelo entre la tragedia griega, la cristiana y la filosófica con el objetivo de buscar en ellas la liberación de lo trágico, es decir, tratar de encontrar la forma para la superación de lo trágico. En la tragedia griega, se da una relación entre los hombres y los dioses; para la liberación ya hablada, el hombre pone su confianza en los dioses. En la tragedia cristiana, se logra la redención por obra de la gracia y, por consecuencia, una eterna salvación del alma. En la tragedia filosófica, Jaspers pone como ejemplo una obra de Lessing “Natham el sabio” donde la tragedia aparece superada por la obra de la idea del ser humano que se autoposee. Este filósofo explica que Natham el sabio no es una tragedia, porque la tragedia en Natham perteneció al pasado de su historia. Sin embargo, toma a Natham como ejemplo de héroe en la tragedia filosófica. Finaliza el capítulo diciendo que los grandes escritores de ese tiempo (o grandes poetas) educaban a su pueblo… y que el auditorio se transformaba interiormente gracias a lo que él (el auditorio) contemplaba. 


En el cuarto capítulo, el escritor muestra los tipos de interpretaciones y sus límites. En la poesía trágica encontramos autointerpretaciones que son de carácter mítico y filosófico. Para que haya interpretación mítica es necesaria la presencia de dioses, por esa razón a las obras de Shakespeare no podemos interpretarlas míticamente, pues carecen de divinidades. El gobierno de las cosas es la base de la interpretación mítica. La conducción que ejerce el hombre, para el gobierno de dichas cosas, es comprendida como destino (JASPERS, 1960: 107). Karl Jaspers asegura que la conducción (ya sea la Providencia que dirige las cosas para la salud del alma o la que dirige el hombre y que es interpretada como destino) tiene lugar por obra de las acciones del hombre mismo, que llevan al hombre hacia donde no piensa y producen lo que no quiere.


En las interpretaciones filosóficas, muestra el carácter universal de las interpretaciones y dice que la tragedia es colocada en el ser como tal y que por lo trágico este ser desaparece; es decir en la tragedia habla una cosa que dejó de ser trágica. Luego, la tragedia es colocada en el mundo… Y es aquí, donde da la razón, solo a algunas personas, de que se pueden catalogar las cosas del mundo como trágicas: “La tragedia del mundo es entonces (…) la finitud de todas las cosas, la multiplicidad de todo lo que está superado, la lucha de toda existencia contra toda existencia por la supervivencia y el poder (…)” (JASPERS, 1960: 110). Lo realmente trágico, según Jaspers, es la catástrofe que se origina del éxito.

Pero las interpretaciones tienen sus límites; para esto, es importante conocer la realidad trágica que viene después de la transfiguración del hombre en el saber trágico que no es más que la interpretación misma. En este capítulo, Karl Jaspers deja claro que lo trágico no es una característica de la esencia del hombre, sino de la aristocracia humana. Aclara también que el saber trágico es limitado porque no configura una interpretación del mundo ni interpreta el dolor universal. Y nuevamente aclara que lo trágico no es la enfermedad ni la muerte, ni la miseria.

Cierra con el tema en que se basó el libro: el saber trágico; pero en este caso, afirmando que en el saber trágico se da la superación de lo trágico, mediante la contemplación.

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